Una épica impecable de un autor novato

31 Ago

Bajo el nombre de Crónica del asesino de reyes, el escritor norteamericano Patrick Rothfuss debutó en la literatura y en el género fantástico con una obra que otros más experimentados soñarían escribir. El nombre del viento (2007) es el título de la primera entrega de la trilogía, que continúa con El temor de un hombre sabio (2011) y un tercer y último volumen cuyo nombre no ha sido confirmado hasta ahora.

Rothfuss hasta la publicación de El nombre… trabajaba como docente de literatura y lengua inglesa en una universidad de su país. Habiendo ganado el Premio Pluma por esta primera obra, pudo dedicarse por completo a la escritura. No sorprende el galardón, la crítica lo ha comparado su talento con genios de la épica fantástica como Tolkien, Ursula Le Guin y George R. R. Martin y con razón. Y es importante que se compare el talento y no la escritura, porque el norteamericano creó algo original dentro de un género complejo.

Sí, la acción sucede en un ambiente medieval. Sí, hay magia. Sí, hay dragones (aunque se llaman draccus, porque los dragones todos sabemos que no existen). Tenemos un héroe improbable. Enemigos. Demonios. Cumple todos los ítems del check list y aún así es original. El estilo, la química particular de cada escritor, es lo más novedoso. La forma de contar, el tempo, sus palabras escogidas y, en especial, la ruptura del acuerdo tácito de suspensión de la realidad por la irrupción de frases como “eso es rocambolesco” o “entre pitos y flautas” (tendría que buscar la cita, pero juro que lo leí).

Algunos autores crean de tal modo su universo fantástico que abandonan su persona real y se sumergen en frases en élfico o se arropan con las alfombras de Myr. Rothfuss, por su parte, es el escritor que escribe y cautiva y engancha y, como en un guiño, cuenta las cosas como un cuentista de posada. Al menos, así lo veo yo.

 En cuanto al argumento, se cuenta la historia de Kvothe, artista itinerante, músico, alumno de la Universidad, héroe y asesino. Hay dos líneas de relato, una en la que Kvothe relata su historia a Cronista –el presente narrativo– y otra el relato propiamente dicho. El pelirrojo protagonista, escondido en un pueblo sin nombre de sus enemigos bajo la fachada de posadero, accede a dejar por escrito sus aventuras a cambio de que el escribiente permanezca con él tres días, que es lo que le llevará contar su historia. El nombre del viento cubre el primer día, donde cuenta desde su infancia hasta sus primeros tiempos en la Universidad.

Textual: La decadencia de la amistad – Alejandro Dolina

30 Ago

Muchos pensadores han creído notar que, en estos tiempos, la amistad es mas un tema de conversación que una actividad concreta. Por cierto, es relativamente fácil encontrar personas dispuestas a componer canciones sobre los amigos. En cambio, es bastante difícil conseguir que esas mismas personas le presten a uno dinero. Según parece, el sentimiento amistoso se halla en decadencia. Todos los días, uno tropieza con canallas que lejos de preocuparse por la escasez de amigos, se jactan de ella.

-Yo, amigos, lo que se dice amigos, tengo muy pocos, o ninguno- nos gritan en la cara. Y uno advierte que el sujeto esta esperando que lo feliciten por semejante hazaña.

En los años dorados de Flores, cuando alcanzaban su apogeo la comprensión, la poesía y el juego del codillo, también existían enemigos de la amistad que preocupaban a los Hombres Sensibles. Manuel Mandeb, el metafísico de la calle Artigas, coleccionó algunas de sus
obtusas opiniones en un opúsculo titulado maliciosamente Los amigos. Como ya es costumbre, transcribimos algunos párrafos.

“… La amistad debe nacer en la juventud o en la infancia. Nuestros amigos son aquellos que aprenden junto a nosotros o, mejor todavía, los que viven aventuras a nuestro lado. Y por lo general, la gente aprende y vive aventuras en la juventud. Después, casi todo el mundo consigue algún empleo en casas de comercio y ya resulta imposible adquirir conocimientos nuevos o pelearse con una patota.

“…A los once o doce años, uno empieza a hartarse de la familia y encuentra
que los muchachos de la esquina son mucho mas divertidos que el tío Jorge. Durante mas o menos una década nadie estará más cerca de nuestro corazón que esos muchachos. Y si uno quiere aprovisionarse de amigos, debe hacerlo en ese período. Después, será demasiado tarde…”
Según se aprecia, el criterio de Manuel Mandeb es interesante y tal vez verdadero. Sucede que en cierto momento de la vida uno descubre que esta rodeado de extraños: compañeros de trabajo, clientes, acreedores, vecinos y cuñados. Los amigos de verdad están lejos, probablemente encerrados en círculos parecidos. Algunos empecinados insisten en cultivar amistades nuevas. Los matrimonios maduros se visitan mutuamente y desarrollan pálidas parodias de la amistad verdadera: se cuentan una y otra vez episodios antiguos, vividos con los
amigos viejos, que ya no están. Cuando uno es joven no cuenta historias a sus amigos: las vive con ellos. A pesar de estas sabias reflexiones de Mandeb, existió en Flores una agencia destinada a ofrecer amistad a los solitarios. Fue la célebre Proveeduría de Amigos de Ocasión. Sus fines de lucro eran innegables. Todavía hoy se recuerda su ‘slogan’ publicitario: “Tenga un amigo desinteresado. Páguelo en cuotas”.

Con sólo acercarse al mostrador, el cliente ya notaba un clima amistoso y amplio. Los empleados sabían como atacar.

– Buenas tardes. No sabés lo que me hizo esta mañana la bruja de mi mujer. Y a los treinta segundos uno se sentía entre amigos. Después, entre palmadas, guiños, pellizcones y confidencias, los comerciantes iban mostrando el amplio catálogo de la proveeduría. Tenían amigos silenciosos, dispuestos a escuchar cincuenta veces la historia de una operación. Amigos complacientes, siempre amables y elogiosos. Amigos efusivos que saludaban con abrazos y se despedían a los gritos. Amigos divertidos, ruditos en cuentos picantes y expertos en bromas pesadas.
También se prestaba un servicio un tanto oneroso, especialmente para personas encumbradas. Consistía en el alquiler de una cohorte de adulones que acompañaban al cliente a todas partes, se reían de sus chistes, aplaudían sus ocurrencias y suscribían con entusiasmo cualquiera de sus pensamientos. Precediendo a esta comparsa, solía marchar un corneta, que abría la puerta de los bares y asomando la cabeza gritaba:

– ¡Ahí viene el doctor Del Prete…!

El trabajo se hacía tan bien que muchos de los contratantes ya no podían
prescindir de él nunca más. Muchos profesionales del barrio extinguieron su fortuna pagando este servicio de la agencia.

Un asunto que molestaba a los clientes era el rigor de los Amigos de Ocasión en sus horarios. Cuando vencía el plazo estipulado, se terminaba la amistad. Sin saludar, los contratados daban media vuelta y se iban, muchas veces interrumpiendo una carcajada o librándose bruscamente de un abrazo fraternal.

Sin embargo, hay que admitir que algunos aspectos del funcionamiento de la proveeduría eran bastante nobles. Por ejemplo, la Sección Niños permitía que los padres eligieran a los amigos de sus hijos, sin correr riesgo alguno. Para ello se contaba con un numeroso plantel de chicos e incluso enanos, adiestrados en diferentes actitudes. Según el gusto paterno, podían encontrarse pibes atorrantes para avivar a los pequeños pelandrunes, niños estudiosos para estimular a los adoquines, y criaturas educadas y juiciosas para serenar a los más piratas. Desde luego, no pudo evitarse que muchos chicos se resistieran a la decisión
de los padres. Así, se oían con toda frecuencia en Flores frases como esta:

– Camine a jugar con los amiguitos que le alquilo su padre, ¡caramba…!

Asimismo existía un departamento para Damas, con un amplio surtido de chimentos. Algunos malintencionados decían que las mujeres no contrataban amigas, sino enemigas, pero ese es otro asunto.

El fracaso mas estruendoso fue el de la sección Amistades Mixtas. Nada cuesta razonar que los caballeros que solicitaban amigas escondían casi siempre otras intenciones. No se espante el lector pensando que nos internaremos en un tema tan manoseado como el de la amistad entre la mujer y el hombre. Vale la pena – eso si- recordar lo que dijo Manuel Mandeb a una amiga suya, tal vez alquilada en la proveeduría:

-Vea. Yo puedo ser su amigo si usted quiere. No trataré de seducirla ni me pondré romántico ni le haré propuestas indecorosas. Pero sepa que yo necesito que exista un amor potencial. Me resulta indispensable que exista una posibilidad en un millón de que algo surja entre nosotros. Le aclaro que es probable que si se da esa circunstancia yo salga corriendo. Pero es únicamente en virtud de esa remotísima chance que yo estoy aquí oyendo su conversación como un imbécil.

Los Hombres Sensibles nunca fueron buenos clientes de la agencia Amigos de Ocasión. Quizá porque sus presupuestos eran muy humildes. O a lo mejor porque les gustaba que los quisieran gratis. En cualquier caso, los muchachos del Ángel Gris tenían un criollo pudor en estas cuestiones. Para ellos andar declarando públicamente el grado de amistad que sentían por alguien era cosa de afeminados.

Manuel Mandeb pasaba largas horas en la esquina de Artigas y Morón fumando con Jorge Allen, el poeta. Muchas veces ni se hablaban. Se contentaban con saber que el otro estaba allí.
Ya en su última etapa, la proveeduría empezó a ofrecer viejos amigos. En un principio, la idea consistía en rastrear -a pedido del cliente- el paradero de personas ausentes y lejanas. Pero como advirtieron que la tarea era demasiado complicada, resolvieron que era más fácil inventar antiguas amistades que rescatarlas del pasado. Se preparó entonces un magnifico grupo de viejos mentirosos que ante la entrada de algún candidato de cierta edad, fingían reconocerlo y le soltaban cuatro o cinco recuerdos para ir tomando confianza.

Esta sección trabajaba mucho en las cenas anuales que suelen realizar los ex-
alumnos de los colegios. Su misión consistía en ir reemplazando a los fallecidos y mantener siempre firme la concurrencia. Así, en cierta reunión de egresados del Colegio Nacional Nicolás Avellaneda, promoción 1921, se dio el curioso caso de que ninguno de los asistentes había
pisado jamás ese establecimiento, lo que no les impidió evocar a profesores, reírse de pasadas travesuras y brindar por encuentros futuros.

Con el tiempo, la actividad de la agencia fue menguando. Contribuyó a este hecho cierta mala prensa que siempre tiene la amistad entre los espíritus escépticos. En Flores, y en todos los barrios, se contaban leyendas sobre las traiciones de los amigos y sobre las ventajas de la soledad. Todavía en nuestro tiempo hay personas que se complacen en declarar que los perros son mas leales y sinceros que los humanos. Cabe sobre esto una pequeña reflexión. Tal vez sea cierto que los perros no traicionan. Pero esto no es en realidad una virtud del animal. Ocurre simplemente, que la módica organización mental del perro le impide realizar procesos tan complicados como una estafa. Es decir: los perros no pueden traicionarnos, por la misma razón que no se les permite escribir novelas.

Hoy, cuando ya no existe la Agencia Amigos de Ocasión, vale la pena preguntarse si no será necesario inventar algo para reemplazarla. Será difícil, desde luego. Nadie podrá rescatar a los amigos perdidos. Poco podrá hacerse para librarnos de los desconocidos que llenan nuestro tiempo. En todo caso, cada uno de nosotros deberá cuidar lo poco que tenga. Sin componer canciones ni escribir poemas. Se trata únicamente de sentarse un rato en la vereda o de matear en silencio con los que están más cerca de nuestro espíritu.

Si uno no tiene ya a los de antes, cabe decir que tal vez existen en el mundo amigos viejos a los que todavía no conocemos. Yo mismo, las otras noches resolví salir de mi encierro y lleno de ilusiones me encaminé a cierta esquina que conozco. Tenia ganas de fumar en silencio junto a tres o cuatro sujetos que se estacionan en ese lugar. Pensaba, además, cosechar algún guiño amistoso después de estos años en que estuve tan ocupado. Pero algo raro debe haber sucedido, porque no había nadie.

¿Un policial dramático? ¿Un drama policial? No sé bien de qué se trata

30 Ago

La novela de Claudia Piñeiro, Las viudas de los jueves (2005) ha sido aclamada por la crítica, galardonada con el Premio Clarín Novela, loada por uno de mis escritores favoritos como lo es José Saramago y, sin embargo, no me generó absolutamente nada. Empezada en el bondi y terminada en un par de horas de lectura tranquila, me enganchó el primer capítulo con un interés que decreció constantemente hasta llegar al final. Fue de esos libros que he leído con premura más que nada para sacármelos de encima, rápido como una curita, así disgusta menos, digamos.

Arranca con la misteriosa muerte de tres vecinos del countrie Altos de la Cascada, quienes aparecen ahogados en la pileta de uno de ellos, mientras un cuarto socio los observa desde su terraza. A partir de ahí, con la ruptura de la ilusión de seguridad que vivir tras los muros del barrio cerrado proporciona, comienza un flashback coral mediante el que, principalmente, Mavi Guevara y otras voces reconstruyen el modo de vida de los propietarios de casas en estos complejos y su decadencia en la medida que se acercaba la crisis del 2001 en la Argentina.

Se le atribuye a Las viudas lucidez, “ferocidad” (el entrecomillado es mío) y la potestad de ser el testimonio narrativo de la debacle del sector más privilegiado de la Argentina, en la medida en que el paso del tiempo (y las crisis locales y foráneas) sacuden los cimientos de esa clase. Es así que el mentado policial del primer capítulo muta en un drama, o bien en lo que los personajes conceptualizan como tal.

El intento de Piñeiro es interesante, no obstante, el relato resulta artificial. Los conceptos, la semántica, los valores son el verdadero atractivo de la narración. ¿Cómo se construye la identidad de quien habita el country? Si bien podemos entrever el complicado sistema de relaciones que da estabilidad al ghetto, se asemeja más bien a una fantasía sociológica. Pretende ser una observación analítica, pero se queda en la línea de salida.

En síntesis, la muerte del primer capítulo es una excusa y la resolución de ese misterio se convierte en absolutamente previsible. Los eventos extrínsecos e intrínsicos que llevan a hasta ese punto de inflexión (aunque me arriesgo a decir que la muerte es sólo una consecuencia, el quiebre es previo) son poco atractivos. Los personajes no generan afectos. Es un relato bastante chato. Quizás no sea malo del todo, quizás exagero en mi consideración. Cada uno tendrá su criterio. Así y todo, derecho a no recomendados.

La imagen que ilustra esta entrada corresponde a la adaptación en fílmico dirigida por Marcelo Piñeyro. Quienes la vieron, recomiendan su versión escrita. ¿Algún valiente por ahí?

Letra y música: Buen día, día de Miguel Abuelo

17 Ago

Casi que se puede inaugurar una nueva sección por estas joyas de la música, cuya letra está al nivel de la de los poetas más renombrados. Una perlita sobre Miguel Ángel Peralta, el líder de la mítica banda Los abuelos de la nada por su carácter rebelde e inquieto nunca recibió una educación formal. Sí era un gran lector (de hecho, el nombre de su banda surgió de un libro de Leopoldo Marechal), lo que demuestra que para ser un genio y brillar a través del arte -como en tantas otras áreas- no es ni por lejos necesario haber pasado por la academia.

Una yapa disfrazada de recomendación: no dejen de ver el documental Buen día, día, de los realizadores Sergio Constantino y Eduardo Pinto.

Les dejo esta bellísima canción en video y la transcripción de la letra del disco solista homónimo.

 
Buen día, día. Día, buen día.
Buen día, perro, mujer buen día.
Arbol buen día, señor buen día.
Buen día, hijo, hermano buen día.
Buen día, dia. día, buen día.
Soy todos tus olvidos
y de todos tus olvidos
aparece mi alimento.
 
Aqui tu libertad,
aqui tu intención
apelmazada de ser pájaro.
Aqui la piedra de tu risa.
Aqui… mi boca arriba y gritando
Buen día, a todo lo que pasa.
Yo soy el que da rota de tu paso olvidado.
Aquel que te camina,
descalzo entre tus pasos.
Nada sé, no. Nada sé…
 
Buen día, día. día, buen día.
Buen día, sol, soles buen día.
Tontos buen día, señora buen día.
Buen día, aire, luna buen día.
Aqui tu libertad,
aqui tu intención apelmazada de ser pájaro.
Aqui la piedra de tu risa,
aqui mi boca arriba gritando: Buen día,
a todo lo que pasa.
 
Juntos cavaremos hasta la superficie de mi tierra.
Tu dolor es amor transformándose en mundo
y una caja es mi cuerpo donde el dolor no cesa.
Adentro mío;
Escarba hoy en tu mano tratando de
ubicarte en la cima.
Embelesate ahora que estas vivo.
Este mundo era ya una loqueria.
Vamos…adelante.
Llevaras todo junto,
llanura y vegetal entrelazado.
Agua sobre fuego y fuego bajo tierra.
Sé bien que tus coros se pondrán
contentos.
 
Vamos…adelante.
Que suba lo que crece.
Lo que se fue se vaya.
Aqui voy yo.
El que río y río
bajo y sobre las vertientes.
Aqui voy yo,
el que tentó al amigo.
Oíd, oíd, que hermoso ría que suena en tí
llamando, humano, humano, humano…
 
El pensamiento corre,
el cuerpo baila.
Los ojos iluminan.
La voz llega y escapa.
Por que trastocar la lozanía
que hay en tu alma?
Ah! La estridente coraza.
Oh! La enfrascadora jornada.
Brindo contigo, Holderlin.
Por lo gratis, al bendición etérea.
Y oíganse las manos serviciales.
La tares del amor,
creativo y fraternal.
 
Buen día, remanso, tempestad buen día.
Buen día, ruta, muerte buen día.
Buen día, día.
Ey! Y si hubieras contraido
compromiso con la muerte?
Y si hubieras muerto acaso?
Peleando o creyendo.
O intentando escaleras para atrapar las
espaldas del cielo?
Hubieras llevado gloria hacia allá
(hacia desde donde ya no se vuelve)
Pero también, hubieras dejado fábula,
utopía y polvo
entre mis cofrades mortales.
 
Pobre eres si no llevas repletas las arcas
de tu corazón.
Idiota perdido aquel que no se reconozca en un
odio insensato.
Que imbécil no verá su pasión mas
desjuiciada.
Y que clase de rico será
quien no lleve todo junto y en un solo puño
la psiquis y el latido de su pueblo.
 
Buen día, dia. día buen día.
Buen día estrella, humildes buen día.
Buen día cerca, lejos buen día.
Buen día, buenos locos buen día.
Buen día, mañana. Traición buen día.
Del ultimo sueño vengo,
del ultimo sueño soñado.
Han caído cortezas de mí.
Imperios han venido y desaparecido.
He comido el pan de la locura.
He sido cuerpos de otros cuerpos
y me he despertado en fiestas y caídas.
 
He sido celoso como mi ángel guardián
y paciente como las arañas.
Tanto he dormido en el azul barro del
invierno como he vuelto desde la blanca luz
de los ciegos del mundo desierto
entre cactus, reptiles y minerales.
Buen día, dia. día, buen día.
Mi joven realidad ya no se busca
en los reflejos de un espejo astillado.
No quiero ser un barco anclado
sobre un río tormentoso.
 
¡He venido a mover y darle
marcha a la fanfarria!
me fecunda la música que tonifica
el cura.
Los poetas me acusan de deber ser
valiente.
Las artes para siempre,
las musas sin cadenas.
Huelo, como vino, juego.
Me recuesto cara al cielo.
y mi reposo goza en la paz de cada origen.
 
Buen día, dia.
Adiós barcos anclados sobre torrentosas aguas.
Adiós espejos astillados.
No nosotros, regocijo del rocío
sobre narices esplendidas.
No, no, no,
no nosotros
elásticos elebradores de deseos.
Buen día, dia.
Buen día, futuro venturoso.
Buen día, dia.
 

Miguel Abuelo

Poesía: La intelectual – Charles Bukowski

16 Ago
Ella escribe
continuamente
como un largo pulverizador
rociando
el aire,
y discute
continuamente;
no hay nada
que yo pueda decir
que no es en verdad
algo más,
luego,
paro de hablar;
y finalmente
discute con ella misma
afuera de la puerta
diciendo
algo como-
no estoy tratando de
impresionarme a mí misma
a partir de ti.

pero conozco
estará de
de regreso, ellas siempre
Vuelven.

y 
a las 5 p. m.
estuvo golpeando a la puerta.
la dejo entrar

no me demoraré, dijo
si no lo deseas.
está bien, dije,
voy a tomar un
baño.

fue a la cocina y
comenzó con los
platos.

como estar casado,
aceptas
todo
como si así
hubiera sido.

Debut oriental: Tokio Blues (Norwegian Wood) de Haruki Murakami

15 Ago

¿Cómo no leer con ilusión un libro que encierra entre paréntesis una de mis canciones favoritas de una de mis bandas favoritas? Pese a que mi experiencia con el Lejano Oriente en cuestiones de arte es prácticamente nula (el cine no me gusta, en literatura sólo leí a Kenzaburo Oè) o bien mediatizada por expatriados como Lisa See, me metí de cabeza en Tokio Blues (1987) de Haruki Murakami, el autor que hace furor entre los adultos jóvenes de todo el mundo.

Los grandes temas que trata el libro son la pérdida y la sexualidad, experimentados desde la narración del protagonista, Toru Watanabe. Empieza con un flashback, donde un Watanabe adulto oye en un avión Norwegian Wood (de los Beatles, por si algún perdido no conoce este maravilloso tema), a partir del que comienza a recordar su juventud y las personas que formaron parte de esa etapa de su vida. Ambientada en los años sesenta, la acción tiene de fondo un Japón en el que los estudiantes japoneses se levantan contra el orden establecido.

Pero no Watanabe, quien considera que ese movimiento rebelde es pusilánime e idiota. El protagonista recuerda un poco a Holden Caulfield, su par de El guardián entre el centeno (1951) escrita por J. D. Sallinger. De hecho, el furor que Tokio causó entre los jóvenes japoneses es similar al revuelo que provocó entre los norteamericanos. Las similaritudes, aunque las historias son radicalmente diferentes, pasan más bien por la forma en que enfrentan a la sociedad, a lo establecido y la compulsión que tienen a preservar a las personas bellas. Como Naoko, su amiga de la adolescencia, quien tiene problemas psicológicos y de adaptación y novia de su mejor amigo, Kizuki, quien se suicidó sin dejar ninguna explicación a los 17 años.

Como decía al principio, la pérdida, la muerte, es uno de los grandes temas del libro. El suicidio en edades tempranas es una causa de deceso muy común en el país y quizás eso haya motivado a Murakami a relatar la experiencia de los que sobreviven a sus pares. No se trata sólo del paso a la vida adulta, sino de la madurez que aparece luego de transitar el largo y difícil camino del duelo. A este crecimiento del personaje se le suma una capacidad sensitiva estremecedora, ya sea que se demuestre a través de empatía con otros personajes o bien en la percepción del mundo que lo rodea. Todo teñido por el color de la tristeza, que no se cura ni se marcha, se sobrelleva lo mejor que se puede.

La sexualidad, la segunda columna de la arquitectura de la novela, se expresa a través del deseo juvenil masculino y una cierta subrogación del rol femenino, cosificado, siendo el objetivo de satisfacer al hombre lo principal y hecho hábito por las protagonistas mismas. Naoko ocupa este lugar fehacientemente pero es Midori, la compañera de universidad de Watanabe, quien lo desestabiliza a través de su discurso procaz y actitud desafiante. Como dice en la página 232: “Pero, aunque sea una vez, ¿me incluirás a mí en tus fantasías sexuales o en tus obsesiones? Me gustaría aparecer. Te lo pido como amiga. ¡Vamos! Esto a otro no se lo pediría. Esta noche, cuando te masturbes, piensa en mí. No puedo decírselo a cualquiera. Pero tú eres un amigo. Y luego quiero que me cuentes cómo ha ido. Pero nada de penetración, ¿eh? Somos amigos”.

Claro que esta cita no es toda la novela, no cubre más que la superficie de un personaje de esos que se adoran o se odian, como es Midori. Creo que no es fácil reseñar o recomendar la lectura de este título. La calidad de la escritura es impecable y pasa de la tinta y el papel a experimentarse en la piel, en el medio del pecho, en la boca del estómago. Pienso que lo disfrutarían los melancólicos, los que han perdido a alguien o algo, los nostálgicos, los que tengan la capacidad de sumergirse en la lectura como si estuvieran ellos mismos protagonizando la historia.

Letra y música: Una genialidad del maestro

13 Ago

No es estrictamente literatura, pero es innegable que se trata de poesía. Desarma y sangra es una canción de la banda argentina Serú Girán, escrita por una de las mayores estrellas del rock nacional (y yo digo mundial): Carlos Alberto García Moreno. SNM.

Tu tiempo es un vidrio
tu amor un fakir, mi cuerpo una aguja
tu mente un tapiz.
Si las sanguijuelas no pueden herirte
no existe una escuela que enseñe a vivir.
El angel vigía descubre al ladrón
le corta las manos,
le quita la voz,
la gente se esconde
o apenas existe,
se olvida del hombre, se olvida de Dios.
Miro alrededor,
heridas que vienen, sospechas que van
y aquí estoy
pensando en el alma que piensa
y por pensar no es alma,
desarma y sangra.

Érase una vez un eBook: de cómo empecé a usar el iPad para leer

8 Ago

Confieso que he sido una ferviente opositora a la lectura digital durante mucho tiempo. Alguna que otra vez, bajé algún PDF de alguna biblioteca virtual, pero la resistencia no cedía demasiado y me costó adaptarme a la lectura en pantalla. Está claro que no es lo mismo leer en el monitor que en un libro de papel ni tampoco que hacerlo en un dispositivo como el IPad o el Kindle.

La computadora (por más que sea portátil) tiene un formato demasiado grande, la posición de lectura es incómoda y el scroll no evoca de ningún modo la experiencia tradicional. Así y todo, en momentos ociosos de la jornada laboral, leí algún que otro clásico y, más adelante, incursioné en la lectura de volúmenes no publicados aún en la Argentina, como los distintos tomos de Canción de hielo y fuego.

En este recorrido literario, se sumaron varios motivos para considerar la compra de un lector electrónico. En primer lugar, los títulos que por alguna razón no se editaron en mi país. En segundo, los agotados que no cuentan con reimpresión y que es muy fácil conseguir en Internet. Por último, el precio en constante alza de los libros en papel, cosa que dificulta mantener el ritmo lector y el bolsillo abultado.

Así que empecé a considerar la compra de algo que sirva para leer eBooks. ¡Todo un aprendizaje! Primero lo primero, un PDF no es un ebook. Hay un formato específico que se llama ePub, que tiene funciones que lo acercan a un libro real tuneado. Posee una tabla de contenidos interactiva, señalador, la posibilidad de subrayar y de tomar notas… ¡Un espectáculo!

Pero… ¿Lograría emular a un libro impreso con eficacia?

El segundo paso fue investigar sobre el dispositivo en sí. ¿Kindle (y sus semejantes) o IPad? El Kindle, producto de Amazon, tiene ventaja por el lado del precio, ya que se vende al costo porque obtienen las regalías de la venta de títulos a través del sitio y su marca registrada: la tinta electrónica, una tecnología que crea un contraste muy parecido al papel. Sin embargo, su funcionalidad es limitada en lo que respecta a una tablet de la manzanita.

El IPad es, básicamente, un dispositivo para hacer prácticamente todo lo que se hace en una computadora, pero de tamaño reducido y, en consecuencia, mayor portabilidad. No fue pensado para la lectura, sino que tiene la posibilidad de convertirse –por el tiempo que se desee– en un reader. Y en uno muy confiable que poco tiene que envidiar a sus compañeros dedicados. La pantalla Retina Display del Nuevo IPad es una maravilla de colores y alta definición, en la AppStore se pueden encontrar aplicaciones para cualquier cosa imaginable, además de navegar por Internet, recibir mails e interactuar en redes sociales.

La diversidad de usos volcó mi inclinación natural hacia productos Apple y caí en la tentación de morder la manzana. Así, comencé a usar el iBooks donde a todas las facilidades que brinda el formato ePub, se le agrega el ajuste del brillo, tamaño de fuente, el tema (blanco y negro, sepia y modo nocturno), buscar palabras en el diccionario o en la web e incluso utilizar VoiceOver para que el iPad te lea a vos. En toda esta loa, la única crítica que puedo detectar es el peso de la tableta que puede resultar incómodo. Sin embargo, para alguien que se leyó los cinco tomos de la saga de George R. R. Martin y hasta llegó a pasear con Millenium de Stieg Larssen en la cartera, no es una contra muy dramática.

Hasta el momento, leí completos Danza con dragones de George R. R. Martin y Tokio Blues de Haruki Murakami (revisión pendiente). Ahora, voy con La chica mecánica de de Paolo Bacigalupi. Ya se trate de novelas cortas o largas, el iPad ha resultado una muy buena elección de lector digital. Eso sí, de dejar de comprar libros tradicionales, ni hablar. Mi afán de coleccionista no ceja en su ímpetu bajo ningún aspecto.

Textual: Extracto de Un mundo feliz de Aldous Huxley

1 Ago

“El Hospital de Moribundos, de Park Lane, era una torre de sesenta plantas, recubierto de azulejos color de prímula. Cuando el Salvaje se apeó del taxicóptero, un convoy de vehículos fúnebres aéreos, pintados de alegres colores, despegó de la azotea y voló en dirección a poniente, rumbo al Crematorio de Slough, cruzando el parque. Ante la puerta del ascensor, el portero principal le dio la información requerida, y John bajó a la sala 81 (la Sala de la senilidad galopante, como le explicó el portero), situada en el piso séptimo.

“Era una vasta sala pintada de amarillo y brillantemente iluminada por el sol, que contenía una veintena de camas, todas ellas ocupadas. Linda agonizaba en buena compañía; en buena compañía y con todos los adelantos modernos. El aire se hallaba constantemente agitado por alegres melodías sintéticas. A los pies de la cama, de cara a su moribundo ocupante, había un aparato de televisión. La televisión funcionaba, como un grifo abierto, desde la mañana a la noche. Cada cuarto de hora, por un procedimiento automático se variaba el perfume de la sala.”

No me gusta el realismo mágico

30 Jul

Una afirmación bastante taxativa, cierto. Quizás debiera morigerar la expresión y decir que ciertos autores se toman muy a pecho el estilo y sus obras me agotan y aburren. A la larga, las creaciones de Isabel Allende me han resultado tediosas y lo original de su creación pasó a ser repetitivo, ilógico (ok, es parte de la composición esa ausencia de correlato con lo real pero, vamos….) y poco atractivo. Sin embargo, no ha sido tras la lectura de algún libro de la chilena que llegué a esta conclusión apresurada, sino gracias a La mujer habitada (1988), primera novela de la nicaragüense Gioconda Belli.

Mientras me dediqué a la ardua tarea de completar las casi trescientas páginas del volumen, pensé que menos mal que no había arrancado con Gioconda a partir de este título, ya que me hubiera perdido de disfrutar (mucho) sus otras joyas como El país bajo mi piel, memorias de amor y de guerra (2001), El pergamino de la seducción (2005) y El infinito en la palma de la mano (2008).

La mujer habitada es la historia de Lavinia, una arquitecta de clase aristocrática, rebelde y feminista, quien es interpelada por la realidad política de Faguas para reconocer y combatir las condiciones de vida bajo la dictadura del Gran General. Al mismo tiempo, parte del relato pertenece a Itzá, quien rememora la lucha contra los conquistadores mientras vive a través de un naranjo y, por su fruto, pasa al cuerpo de la joven Lavinia y vive con ella el nacimiento a la militancia en el movimiento. No obstante, no todo es política, sino que hay una historia de amor con Felipe, un compañero de trabajo, quien intempestivamente irrumpe en el hábitat de la protagonista con su militancia, aunque trata de mantenerla fuera de ella por causa de su propia contradicción machista.

El argumento no parte de premisas erróneas ni reprobables. La perspectiva de la autora es interesante. Entonces, ¿dónde fracasa? A mi criterio, en la escritura. El estilo resulta denso, lleno de vueltas y recovecos, donde basta una palabra, hay cien. Figuras retóricas que navegan entre lo cursi y lo absurdo. Diálogos inverosímiles, rebuscados, alejados por millas de lo coloquial y los que podemos imaginar como personajes reales. Si hay un pecado en la primera novela de Belli, es ser demasiado pretenciosa. Querer meter en un solo libro todos los recursos del subgénero, todos los floreos del lenguaje, toda la investigación sobre feminismo, marginalidad y, quizás, hasta todas las revistas Cosmopolitan.

Belli se destaca por ser una autora que trabaja con mucha seriedad y compromiso los temas que aborda y, al momento de plasmarlos en una historia, dosifica la lírica y el grado cero del lenguaje con maestría. No es el caso de La mujer habitada, a la que calificaría como una obra de excesos y, además, previsible de cabo a rabo. En el lado positivo, los sucesos del libro son capaces de conmover (si lo que se busca es emoción y lágrima fácil), aunque resulta algo patético –ver definición de la RAE-.

Como final, no encontré más que críticas positivas sobre este libro en particular. Me provoca ciertas dudas haberlo experimentado de este modo. No obstante, soy una persona a la que no le gusta Borges. Claro que hablar de Borges y Belli en una misma oración es como hablar de tomates y lamparitas. Además, los motivos son distintos en cada caso. Pero lo importante es que el gozo estético y el placer es algo subjetivo y, después de todo, es más que suficiente para legitimar la experiencia.

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