Tag Archives: Narrativa contemporánea

No recomendado: La pifia de Jorge Fernández Díaz

15 Jul

Hace unos meses, la Revista La Nación que viene con el diario los domingos recomendó el último libro de su secretario de redacción, Las mujeres más solas del mundo (2012). Leí el avance que publicaron, la historia de una reclusa que en su estadía tras las rejas había leído más de doce mil libros y que ya no tenía interés en recuperar la libertad, y me tenté con la compra. También sustentaba la impulsividad el haber leído otro de sus títulos, Mamá (2002), excelente relato sobre la vida de su propia madre y La segunda vida de las flores (2009), protagonizada por el recurrente Fernández, el periodista escéptico y alter ego del escritor. Tengo la duda (y la memoria averiada) sobre si leí o no Fernández (2006). Estimo que sí, pero por si las moscas, lo dejamos en suspenso.

En fin, como dice el cantautor español nos sobran los motivos, así que con avance y retrospectiva, adquirir el conjunto de relatos del periodista se perfilaba como una experiencia segura. No obstante, la literatura pocas veces tiene garantías y hasta autores que siempre nos resultaron gratos pueden tener un traspié. Me ha sucedido con García Márquez, ¿cómo podía esquivar Fernández Díaz esa posibilidad?

Resulta que Las mujeres más solas del mundo no se trataba tan sólo de mujeres ni tampoco de mujeres solas. Dividido en dos partes, la primera se llama Mujeres y comedias y, a decir verdad, creo que lo único que verdaderamente disfruté fue el mismo texto que leí en la revista antes de comprar el libro. Las comedias: bien, gracias. La segunda es Crónicas, un palimpesto de textos más cercanos al periodismo que a la narrativa, compuesto no sólo por crónicas, sino también por biografías y notas de color. Si hay algo en lo que tiene coherencia, es en no dar importancia a la concordancia entre título y contenido. No lo remarco porque tenga que existir una correspondencia punto a punto, sino porque es un ítem más a la lista de “no me gusta” sobre esta obra particular.

El atractivo de Fernández Díaz, al igual que Eduardo Saccheri en mi opinión, reside en el modo que tienen de escribir nuestra cotidianeidad, personajes y cosas de nuestra idiosincrasia, el ser bien argento que componen en sus escritos. Más allá de no estar conforme con Las mujeres…, ambos están en mi podio de favoritos de la escena local. Pero el periodista me falló en este conjunto de historias sin remate, que no dejan estela, que no invitan a la reflexión. De hecho, lo único que pude sentir tras la lectura fue un vacío importante y una desazón muy amarga porque esperaba mucho más de quien me hizo emocionar hasta las lágrimas con Mamá.

Algo que siempre disfruto de los periodistas escritores es la economía de lenguaje, la capacidad de hacer arte con… eficiencia, por ponerle una palabra a ese oficio de construir oraciones sin una coma de más. Pero se quedó corto, le faltaron palabras, tonalidades, acentos y así se construyó, para mí, la primera pifia de Jorge Fernández Díaz.

Breves: Mujeres del mundo

28 Jun

De lo menos a lo más, libros que cuentan historias de mujeres en distintos lugares del mundo.

Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar (2007) de Almudena Solana. Probablemente, el peor libro que leí en mi vida. La segunda obra de esta escritora española residente en Inglaterra es una muestra excelente de mala literatura. Me atrevo a decir que está mal escrito, que cuesta descifrar qué quiere decir, no por un espíritu lúdico, a menos que destrozar el lenguaje sea un divertimento. El colofón promete, pero no retribuye. En la web podrán encontrar sinopsis, algunas críticas favorables y demás datos sobre este título. Me limito a decir un NO rotundo a esta obra.

Comer, rezar, amar (2009)  de Elizabeth Gilbert. Novela de fama mundial, tras la filmación de la película homónima protagonizada por Julia Roberts y Javier Bardem. Se trata de la historia de una mujer en medio de la crisis de los treinta que va a hacer a Italia lo primero, a India lo segundo y a Bali lo tercero. Mi mayor problema con la novela fue que, por un lado, no soy la persona más espiritual del mundo y, por otro, el estilo de Gilbert me parece totalmente desechable. Por una vez, el film fue mejor que el libro (y ni siquiera pasa de regular). ¡Imagínense!

Camino a casa (2000) del islandés Ólafur Ólafsson, que no estuvo ni bien ni mal. La historia trata sobre una islandesa que habita en Inglaterra, se entera que se va a morir y decide volver a su país natal después de muchos años. Le reconozco el mérito de jugar con la temporalidad, viajando entre diferentes pasados y alternando con el presente, como si en verdad de recuerdos se tratase. Dato-yapa: Ólafsson es presidente de Time Warner y ha trabajado en Sony durante varios años.

Chicas de Riad (2007) de Rajaa Alsanea. Una perspectiva del amor y la vida de cuatro mujeres jóvenes en la capital del Reino de Arabia Saudí. En su contratapa dice algo así como “Sexo en la ciudad versión saudí” y tiene un poco de ello. Fue escrito por una joven de 25 años que sacudió a su convencional sociedad mediante la confesión de las transgresiones de las saudíes, con la esperanza de poder modernizar el país que ama. Muy interesante.

Dos chicas de Shanghai (2010) de Lisa See. Conmovedora historia de dos hermanas, niñas mimadas de la sociedad china en el tiempo que Shangai era la París asiática, quienes tras los bombardeos japoneses deben emprender un largo viaje a California, donde las espera una vida sin comodidades en una Chinatown que está naciendo. La autora tiene una prosa deliciosa, bella y atrapante que invita a seguir y seguir y seguir leyendo. Prometo, más adelante, reseñar El abanico de seda (2005), la mejor obra de la autora hasta el momento. El pabellón de las peonias (2008) se los debo, no fue de mi agrado.

Mil soles espléndidos (2007) de Khaled Hosseini. Impresionante libro que cuenta la vida de dos mujeres afganas, desde mediados de siglo XX hasta la era talibán. Leer este libro en sintonía con Chicas de Riad comprueba el abanico de matices en las culturas islámicas. Me llamó mucho la atención que fuera un hombre quien pudiera retratar de mejor manera el espíritu y el padecimiento de las mujeres en Afganistán, la hipocresía de los hombres, los esfuerzos por sobrevivir en un país donde ser mujer es un crimen por sí mismo. Merece más que este breve párrafo, de hecho, la mejor crítica es una invitación a leerlo.

Esta ha sido una mini revisión de algunos títulos con protagonistas femeninas, aptos para todo público, sin distinción de género. Los tres últimos libros son más que narrativas sobre mujeres, representan una puerta de acceso a culturas-otras de la occidental, por lo que los interesados en relatos fieles al contexto histórico-cultural hallarán un muy buen entretenimiento.

Tiempo de sagas: Los Confines de Bodoc

15 Jun

La literatura argentina no tiene una tradición en el terreno de la fantasía. Algunos colocan a Bioy Casares como un precusor de la ciencia ficción, otros señalan algunos relatos de Borges como pertenecientes a este género; pero en lo que a fantasía respecta, no hay un referente claro. No voy a discurrir demasiado en la diferencia entre ciencia ficción (o ficción de la ciencia, denominación más adecuada) y la fantasía. Simplemente, señalo que la primera busca legitimidad en la disciplina que le da origen. Pensemos en Asimov como paradigma, sus exploraciones del espacio, la extrapolación de características actuales a futuros muy lejanos, siempre con apoyo de los desarrollos de la ciencia dura que le da contexto.

La distopía sería una variación y la fantasía sería un subgénero con más libertades a la hora de crear su universo de referencia. Pensemos en la saga fantástica más maravillosa (valoración mía, pero de millones de otros también): El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien. En los libros, asistimos a la creación de no sólo un universo donde acontecen los hechos, sino de razas, lenguajes y, lo más importante, la invención de la magia que, para mí, es la característica distintiva de toda pieza de esta subclasificación literaria, aunque merece una categoría por derecho propio.

Es esta literatura fantástica, siempre épica, la que no tiene un antecedente en la Argentina y, si lo tiene y lo desconozco, ninguno se asemeja a la calidad y relevancia de la obra de la escritora santafecina Liliana Bodoc. El primer tomo se publicó en el año 2000 bajo el nombre Los días del Venado y se compone de dos volúmenes más: Los días de la Sombra (2002) y Los días del Fuego (2004). En los primeros meses de este año, Bodoc publicó Oficio de Búhos, un libro de relatos de los Confines situado en tiempos de paz tras las guerras contra Misáianes, el hijo de la muerte.

La historia transcurre mayormente en las Tierras Fértiles, aunque también hay acción en las Tierras Antiguas, desde donde Misáianes envía a sus acólitos a aniquilar toda vida, sin medias tintas. Los Confines son los territorios del sur del continente de las Tierras Fértiles, hogar de los huisihuilkes y del protagonista del primer libro, el guerrero Dulkancellin quien es convocado para un misterioso consejo en Beleram junto a representantes del resto de las civilizaciones del continente.

La saga remite de forma intensa a la conquista de América, tanto en la forma que toma el conflicto (el invasor a través del mar) como en la constitución de los pueblos de las Tierras Fértiles. Los Señores del Sol, al norte, poseen una clara reminiscencia a las culturas precolombinas, por ejemplo. Sin embargo, la ficción tiene una fuerza propia y estos elementos de semejanza con un hecho histórico no oscurecen ni agotan completamente el relato.

Bodoc crea una mitología con un poderoso referente cultural americano que no posee fisuras. Los grandes temas que atraviesan la saga son la relación con la naturaleza, los vínculos comunitarios al interior de cada civilización y entre sí, la amistad y la traición y siempre desde un enfoque próximo a nuestra historia como pueblo, a diferencia de otros relatos de la épica fantástica cuyo sustento es la larga historia medieval europea.

Por último, quizás lo que merezca los mayores elogios: Liliana Bodoc es una poeta de la prosa que no aburre ni cansa, sino que siempre motiva e invita a seguir leyendo. En ocasión del lanzamiento de Oficio de búhos, la autora dijo: “Mi preocupación por el lenguaje crece conmigo, y estoy cada vez más convencida de que la literatura es un cómo se dice mucho más que un qué se dice, y no estoy hablando de un no compromiso con el sentido de las cosas, ni siquiera de un no compromiso humano y político, pero creo que eso tiene que transformarse en cómo se dice, entonces ando un poco obsesionada con eso”. Y, a lo largo de los libros, se nota. Hay clasicismo en su prosa, hay lírica y, aún así, el relato fluye suave como la seda, acaricia, emociona.

*La imagen que ilustra esta entrada pertenece a Gonzalo Kenny, quien trabaja junto a Liliana Bodoc en el proyecto “El Arte de los Confines” que pueden visitar acá.

13 de junio: Día del Escritor

13 Jun

Hoy, 13 de junio, se conmemora el Día del Escritor, en honor al natalicio de Leopoldo Lugones, uno de los fundadores del Olimpo literario argentino o también conocido como Sociedad Argentina de Escritores (SADE), entidad que decidió conmemorar esta fecha en honor a su primer presidente. Como no leí nada de Lugones (y si leí algo, no me acuerdo), paso a hacer un racconto de los libros que disfruté.

 En primer lugar, mi favorito de todos los tiempos: Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez. Recuerdo haber tenido que plantear un croquis con el árbol genealógico de la familia Buendía, al mismo tiempo que evoco una emoción de otro planeta mientras estaba aplastada en la cama con el libro sobre mis narices, devorando la historia en tiempo récord. De alguna manera, lo recuerdo como un debut en el mundo de la literatura adulta. No porque no hubiera leído antes títulos de similar clasificación, sino más bien una convicción, un sentimiento, un rito de pasaje que se efectivizó atravesado por el realismo mágico.

 Otra obra a la que dediqué sentadas interminables fue la trilogía Millenium (2005. 2006. 2007) de Stieg Larsson. Tuve el primer tomo descansando en la biblioteca durante varios meses, alternando entre el cine y otras piezas literarias, hasta que lo redescubrí ahí solitario y le di de un tirón. La saga que tiene a los dos protagonistas más disimiles que recuerdo, es atractiva y fácil de leer. Toma lugar en Suecia, país del que desconozco bastante, y está llena de intrigas y misterios políticos que impiden despegar los largos libros de las manos. Cada pieza tiene más de seiscientas páginas, sin embargo, se leen sin dificultades.

 No tanto como La misteriosa llama de la reina Loana (2004) de Umberto Eco, que anda por las cuatrocientas, tiene múltiples ilustraciones y resulta mucho más pesado de leer. Allí se plantea el recorrido por la memoria de Giambatista Yambo Bodoni, perdida tras un accidente cerebrovascular y reconstruida a través de las revistas y libros que encuentra en su casa de veraneo en Solana. Hace honor a la profesión de su autor, semiólogo reconocido internacionalmente, desmenuzando, interpretando y reconstruyendo el pasado del protagonista, a la vez que una lección de historia. Es probable que debido a la distancia temporal entre Eco y yo que no pude conectarme del todo con el relato. Sin embargo, resulta interesante y para la comunicadora que hay en mí fue satisfactorio.

 Y ni hablar de La caverna (2000) del genial e inefable José Saramago. En algunos pasajes del libro, me pregunté si realmente estaba leyendo en castellano, porque reconocía las palabras, el orden sintagmático, sabía que estaba leyendo, pero no había caso, el párrafo o la frase exigían una segunda, tercera o cuarta lectura. No obstante, un libro brillante. Controversial uso de la gramática, un planteo filosófico que se escurre en una historia común y ¿qué puedo agregar? El placer tortuoso de leer a Saramago investigar con un argumento y unos personajes que de ordinario tienen todo y nada, bien vale pagarlo con MasterCard.

Un hijo, un padre, un criado y 40 años de Kabul

10 Jun

Afganistán nos llega a través de las noticias, en fragmentos, polarizado y, lo más importante, interpretado por occidentales. Si bien no formó parte del controvertido eje del mal conceptualizado por George W. Bush, los informativos lo asociaron a conceptos como terrorismo y fundamentalismo. Entró a la agenda mediática más reciente de la mano de los talibanes y la yihad norteamericana por la libertad.

Sin embargo, hay más de Afganistán que nos perdemos a través de este recorte que se produce en las noticias y allí interviene el escritor (nacido afgano y residente en Estados Unidos) Khaled Hosseini para narrar una historia cruel y conmovedora sobre los últimos cuarenta años de ese país de Medio Oriente.

El argumento parte del afán de un niño, Amir, por conquistar el amor de su padre y para lograr esa tarea debe tomar decisiones difíciles que lo acompañarán toda su vida. Narrada en primera persona por este hijo de la clase acomodada de la capital, la historia sucede entre los juegos con su fiel sirviente de etnia hazara y los intentos por obtener el reconocimiento de Baba. Los vínculos entre los protagonistas, enmarcados por una excelente descripción del ser afgano, se ensanchan, se tensan, se polarizan con una constante búsqueda de conciliación como motor.

Con un lenguaje sencillo, pero no carente de profundidad, el autor generó un relato de excelente calidad que nos permite adentrarnos en la cultura y sociedad afganas, el desgaste consecuente de la sucesión de guerras y guerrillas (invasión soviética, movimiento talibán), la vida en el exilio y la necesidad de redención común a todos los seres humanos. En suma, una novela de una factura impecable, conmovedora y sorprendente.

Cometas en el cielo (2003) fue la primera novela del escritor afgano Khaled Hosseini. Tras la investigación que realizó para llevarla a cabo, decidió crear la Fundación Khaled Hosseini para tratar el problema de la vivienda en el norte de Afganistán. Su segunda novela, Mil soles espléndidos (2007),  recibió numerosas críticas favorables y figuró en el ránking de superventas del sitio Amazon.com.

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