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Una épica impecable de un autor novato

31 Ago

Bajo el nombre de Crónica del asesino de reyes, el escritor norteamericano Patrick Rothfuss debutó en la literatura y en el género fantástico con una obra que otros más experimentados soñarían escribir. El nombre del viento (2007) es el título de la primera entrega de la trilogía, que continúa con El temor de un hombre sabio (2011) y un tercer y último volumen cuyo nombre no ha sido confirmado hasta ahora.

Rothfuss hasta la publicación de El nombre… trabajaba como docente de literatura y lengua inglesa en una universidad de su país. Habiendo ganado el Premio Pluma por esta primera obra, pudo dedicarse por completo a la escritura. No sorprende el galardón, la crítica lo ha comparado su talento con genios de la épica fantástica como Tolkien, Ursula Le Guin y George R. R. Martin y con razón. Y es importante que se compare el talento y no la escritura, porque el norteamericano creó algo original dentro de un género complejo.

Sí, la acción sucede en un ambiente medieval. Sí, hay magia. Sí, hay dragones (aunque se llaman draccus, porque los dragones todos sabemos que no existen). Tenemos un héroe improbable. Enemigos. Demonios. Cumple todos los ítems del check list y aún así es original. El estilo, la química particular de cada escritor, es lo más novedoso. La forma de contar, el tempo, sus palabras escogidas y, en especial, la ruptura del acuerdo tácito de suspensión de la realidad por la irrupción de frases como “eso es rocambolesco” o “entre pitos y flautas” (tendría que buscar la cita, pero juro que lo leí).

Algunos autores crean de tal modo su universo fantástico que abandonan su persona real y se sumergen en frases en élfico o se arropan con las alfombras de Myr. Rothfuss, por su parte, es el escritor que escribe y cautiva y engancha y, como en un guiño, cuenta las cosas como un cuentista de posada. Al menos, así lo veo yo.

 En cuanto al argumento, se cuenta la historia de Kvothe, artista itinerante, músico, alumno de la Universidad, héroe y asesino. Hay dos líneas de relato, una en la que Kvothe relata su historia a Cronista –el presente narrativo– y otra el relato propiamente dicho. El pelirrojo protagonista, escondido en un pueblo sin nombre de sus enemigos bajo la fachada de posadero, accede a dejar por escrito sus aventuras a cambio de que el escribiente permanezca con él tres días, que es lo que le llevará contar su historia. El nombre del viento cubre el primer día, donde cuenta desde su infancia hasta sus primeros tiempos en la Universidad.

Personajes entrañables: Lo bueno de llamarse Sam

6 Jul

El post de hoy se lo dedico a dos de los mejores personajes secundarios de la historia: Samsagaz Gamyi  y Samwell Tarly. Quizás este podio esté relacionado con que pertenecen al universo de dos autores que adoro: J. R. R. Tolkien y George R. R. Martin, autores de las sagas El señor de los anillos y Canción de hielo y fuego, respectivamente.

Uno lo creó a principios del siglo XX, el otro lo incluyó en su saga mientras finalizaba el mismo siglo y se metía en el XXI, pero ambos decidieron que los conozcamos por su nombre de pila: Sam. No sólo los une la coincidencia de su apócope y su papel secundario en las sagas, sino que ambos acompañan y sirven con lealtad y honor a Frodo Bolsón y a Jon Nieve, protagonistas y seres amados por los fanáticos de la épica fantástica, entre los que me incluyo.

Samsagaz es un hobbit de Bolsón Tirado en la Tierra Media, jardinero de profesión, de cuerpo generoso y alma noble. Acompaña hasta las últimas instancias a su adorado Frodo en la peligrosa aventura de destruir el anillo de Sauron. Si bien se podría caracterizar como inocente y de carácter gentil, es en este viaje tan inesperado que se descubre su naturaleza bravía y su capacidad para enfrentarse a enemigos y defender a quien considera su amo, pese a que Frodo no se ve a sí mismo de ese modo.

Samwell es el hijo mayor del Señor de Colina Cuerno en Poniente. Podría haber sido el heredero de su padre, sin embargo, desde chico se mostró debilucho ante la crueldad que gobernaba el espíritu de su progenitor, más inclinado hacia las artes y las lecturas que al arte de la guerra. No soporta ver sangre, no disfruta de la violencia y tiene una muy baja consideración de sí mismo. Es recién cuando llega al Muro, tiempo después que Jon Nieve, cuando a partir de las urgencias de un mundo que se desmorona se devela su capacidad de responder bajo presión, pese a su propio ser, y hasta llega a ganarse el apodo de Mortífero, luego de haber matado a un par de espectros. Idolatra a Jon Nieve, más allá de su origen bastardo, Sam ve en su amigo y mentor improvisado a un hombre que merece ser seguido y pocas veces discutido. El personaje gordinflón y temeroso crece hasta convertirse en un servil consejero, siempre amparado bajo su autoestima flaca que se infla con libros.

La nobleza es el rasgo que hermana a uno y otro Sam. Las pocas expectativas sobre su desempeño, también. Son personajes que maduran con el correr de las novelas, que se hacen más complejos, pero que nunca traicionan su buena fe. Secundarios, sí, porque la gloria (o el descrédito) están reservados para otros. No obstante, estos héroes silenciosos merecen su lugar en los anales de los personajes entrañables de la literatura.

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