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Dolor – Alfonsina Storni

6 Jul

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar…
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Breves: Mujeres del mundo

28 Jun

De lo menos a lo más, libros que cuentan historias de mujeres en distintos lugares del mundo.

Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar (2007) de Almudena Solana. Probablemente, el peor libro que leí en mi vida. La segunda obra de esta escritora española residente en Inglaterra es una muestra excelente de mala literatura. Me atrevo a decir que está mal escrito, que cuesta descifrar qué quiere decir, no por un espíritu lúdico, a menos que destrozar el lenguaje sea un divertimento. El colofón promete, pero no retribuye. En la web podrán encontrar sinopsis, algunas críticas favorables y demás datos sobre este título. Me limito a decir un NO rotundo a esta obra.

Comer, rezar, amar (2009)  de Elizabeth Gilbert. Novela de fama mundial, tras la filmación de la película homónima protagonizada por Julia Roberts y Javier Bardem. Se trata de la historia de una mujer en medio de la crisis de los treinta que va a hacer a Italia lo primero, a India lo segundo y a Bali lo tercero. Mi mayor problema con la novela fue que, por un lado, no soy la persona más espiritual del mundo y, por otro, el estilo de Gilbert me parece totalmente desechable. Por una vez, el film fue mejor que el libro (y ni siquiera pasa de regular). ¡Imagínense!

Camino a casa (2000) del islandés Ólafur Ólafsson, que no estuvo ni bien ni mal. La historia trata sobre una islandesa que habita en Inglaterra, se entera que se va a morir y decide volver a su país natal después de muchos años. Le reconozco el mérito de jugar con la temporalidad, viajando entre diferentes pasados y alternando con el presente, como si en verdad de recuerdos se tratase. Dato-yapa: Ólafsson es presidente de Time Warner y ha trabajado en Sony durante varios años.

Chicas de Riad (2007) de Rajaa Alsanea. Una perspectiva del amor y la vida de cuatro mujeres jóvenes en la capital del Reino de Arabia Saudí. En su contratapa dice algo así como “Sexo en la ciudad versión saudí” y tiene un poco de ello. Fue escrito por una joven de 25 años que sacudió a su convencional sociedad mediante la confesión de las transgresiones de las saudíes, con la esperanza de poder modernizar el país que ama. Muy interesante.

Dos chicas de Shanghai (2010) de Lisa See. Conmovedora historia de dos hermanas, niñas mimadas de la sociedad china en el tiempo que Shangai era la París asiática, quienes tras los bombardeos japoneses deben emprender un largo viaje a California, donde las espera una vida sin comodidades en una Chinatown que está naciendo. La autora tiene una prosa deliciosa, bella y atrapante que invita a seguir y seguir y seguir leyendo. Prometo, más adelante, reseñar El abanico de seda (2005), la mejor obra de la autora hasta el momento. El pabellón de las peonias (2008) se los debo, no fue de mi agrado.

Mil soles espléndidos (2007) de Khaled Hosseini. Impresionante libro que cuenta la vida de dos mujeres afganas, desde mediados de siglo XX hasta la era talibán. Leer este libro en sintonía con Chicas de Riad comprueba el abanico de matices en las culturas islámicas. Me llamó mucho la atención que fuera un hombre quien pudiera retratar de mejor manera el espíritu y el padecimiento de las mujeres en Afganistán, la hipocresía de los hombres, los esfuerzos por sobrevivir en un país donde ser mujer es un crimen por sí mismo. Merece más que este breve párrafo, de hecho, la mejor crítica es una invitación a leerlo.

Esta ha sido una mini revisión de algunos títulos con protagonistas femeninas, aptos para todo público, sin distinción de género. Los tres últimos libros son más que narrativas sobre mujeres, representan una puerta de acceso a culturas-otras de la occidental, por lo que los interesados en relatos fieles al contexto histórico-cultural hallarán un muy buen entretenimiento.

Setenta acrílico treinta lana (2011)

2 Jun

El debut editorial de la veinteañera Viola di Grado no resulta fácil de valorar. La opinión de la crítica es unánime: impresionante ópera prima, increíble que la autora sea tan joven, la lírica es espectacular, etcétera, etcétera, etcétera. En mi caso, una lectora cualquiera, no me es tan sencillo llegar a una conclusión al respecto.

Mi primer encuentro con Viola fue a través de una nota en la revista La Nación, donde destacaban su juventud y majestuoso nivel, siempre valorado por sus cortos veintitrés años. El segundo, motivado por la recomendación de una amiga, casi obsesiva, destacando la oscuridad del relato, la obsesión de la protagonista, su prosa.

Entonces, lo compré.

Libro de bondi, sin dudas. Todos los días en el regreso a casa durante una semana, lo abrí, lo leí, me empapé de su destructiva personalidad y, en principio, me sentí identificada con su situación precaria. En realidad, con su interpretación de lo que rodeaba su vida, como si compartiéramos un mecanismo psicológico de enfrentarse a la realidad.

El consumo, los pares, la familia, los diferentes roles que debe representar un joven en la sociedad actual, la mediocridad (ese setenta acrílico tan áspero), la imposibilidad de acceder a donde uno debería estar porque el contexto no ayuda, todos aspectos tematizados de forma en la que yo me pude sentir a la par de Camelia, la protagonista.

Sin embargo, a medida que avanzó el relato, algo falló y la conexión quedó inextricablemente rota. En mi opinión, la espiral autodestructiva de Camelia fue demasiado lejos, alimentada por un constante resentimiento y su incapacidad de procesar y transformar lo que le tocó en la vida. Más allá de la fantasía literaria que obliga el acontecimiento de sucesos extraordinarios, puede ser la historia de muchos de nosotros.

Punto a favor, el estilo de Viola Di Grado, caracterizado por ella como surrealismo hiperrealista, engancha, no hay dudas. Excelente uso de las metáforas, frases memorables y que obligan a reflexionar, una historia que no deja de correr mientras las descripciones son profundas, crueles y descarnadas. Hay chances de que reincida en obras de esta autora. Después de todo, es joven y, por lo tanto, próxima al universo cultural en el que yo misma crecí, aunque distante en su ubicación espacial. Si hay algo que caracteriza a esta época, es que el espíritu global asimila las historias de los que crecimos en ella y, por alguno de sus puntos, nos hermana.

Una última nota. El final se anuncia en la contratapa del libro como sorprendente. Voy a ponerme en la piel de Sheldon Cooper por un momento y decir: “Excuse me, spoiler alert!”, ya está, me arruinaron el final con el anuncio de lo impredecible, bien ahí, todo el libro esperando lo sorprendente para llegar a un final que… bueno, no me shockeó, porque no podía terminar de otro modo.

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