Una cavilación sobre los vampiros que brillan

21 Jul

La saga Crepúsculo (2005) de la escritora norteamericana Stephenie Meyer es, sin lugar a dudas, la historia de vampiros más resistida de la historia y, a la vez, la más amada por los adolescentes alrededor del mundo. No sólo ha sido un producto editorial de éxito rotundo a nivel global, sino también dio lugar a una franquicia cinematográfica que elevó al estrellato a los jóvenes Kirsten Stewart, Robert Pattinson y Taylor Lautner.

Escenario de antagonismos entre hombres lobo y vampiros, el acento suele posarse en el hecho de que la autora reinventó el mito del Conde Drácula y es, quizás, su mayor atributo. Porque ya no hay ataúdes para escapar a la luz del día, ni ristras de ajo, ni crucifijos. Los vampiros de Meyer no duermen, tienen cuerpos duros, ágiles y atléticos, se alimentan de sangre de animales para no matar (los buenos, al menos) e incluso tienen trabajos y asisten a la escuela donde se produce el encuentro entre Bella y Edward. Ah, y brillan. Sí, cuando la piel refleja la luz solar, se convierte en una superficie cubierta de glitter, cual jovencita bolichera.

Para los amantes del subgénero vampírico, la transgresión ha sido superlativa. Del Drácula original de Bram Stocker al Lestat de Anne Rice, la distancia no es tan grave ni ominosa. Los vampiros, en el imaginario, son una especie seductora, pero vil. Representan la manzana prohibida que ilustra la tapa del primer libro de la saga, sin embargo, jamás se los presenta como los buenos de la película (a excepción del joven Louis, de Anne Rice, y con reservas). Después de todo, están muertos y sedientos de sangre. ¿No? Pero los Cullen –la familia de Edward– son buena gente, los malos son otros, los de la mafia vampírica italiana y así se construye la retórica del bien y del mal, más allá de las tribulaciones de una apática Bella sobre si convertirse en inmortal por su amado o no.

Controversial, así dije en un principio. Literatura barata, masiva, con un formato bastante estandarizado y volúmenes gordos en cada secuela como para que se sigan llenando las arcas. Ahora me pregunto: ¿qué tanto daño hace Crepúsculo a la literatura y a los adolescentes? Pienso que una obra que acerca a los jóvenes a la lectura, aunque el material no sea el mejor, es positiva. Más aún teniendo en cuenta que los adolescentes hoy no son propensos a este placer que no sólo es bello, sino edificante y educativo. ¿Cómo se puede educar con literatura de masas? Estimula el pensamiento, la memoria, se internalizan normas gramaticales y ayuda a mejorar la concentración. En estos momentos donde lo preeminente es el hipertexto, la linealidad de la experiencia lectora explota una capacidad que no es muy estimulada hoy.

Los cuatro libros que forman la serie no son, por sí mismos, un ejemplo a seguir ni el puntapié ideal para activar el motor lector. No obstante, abren el panorama y la posibilidad de otras historias de germinar entre el público adolescente. Así, productos como Los juegos del hambre (2008) pueden meterse en la cola del cometa que deja Meyer y, ya con un contenido más politizado y complejo, insertarse en una audiencia difícil de captar y dar continuidad entre los más jóvenes al hermoso hábito de la lectura.

Breves: Recomendaciones express

15 Jul

Para el que anda buscando recomendaciones rápidas o, simplemente, saber si un libro va para adelante o es mejor contener las expectativas, actualicé la lista de leídos con todos los que leí este año. Cuando tenga un poco más de ganas, agrego más títulos a la biblioteca, así quienes se identifican totalmente o en parte con esta humilde lectora pueden obtener recomendaciones rápidas e ideas para seguir ampliando sus lecturas.

Se puede consultar la lista aquí.

¡Buen viaje!

No recomendado: La pifia de Jorge Fernández Díaz

15 Jul

Hace unos meses, la Revista La Nación que viene con el diario los domingos recomendó el último libro de su secretario de redacción, Las mujeres más solas del mundo (2012). Leí el avance que publicaron, la historia de una reclusa que en su estadía tras las rejas había leído más de doce mil libros y que ya no tenía interés en recuperar la libertad, y me tenté con la compra. También sustentaba la impulsividad el haber leído otro de sus títulos, Mamá (2002), excelente relato sobre la vida de su propia madre y La segunda vida de las flores (2009), protagonizada por el recurrente Fernández, el periodista escéptico y alter ego del escritor. Tengo la duda (y la memoria averiada) sobre si leí o no Fernández (2006). Estimo que sí, pero por si las moscas, lo dejamos en suspenso.

En fin, como dice el cantautor español nos sobran los motivos, así que con avance y retrospectiva, adquirir el conjunto de relatos del periodista se perfilaba como una experiencia segura. No obstante, la literatura pocas veces tiene garantías y hasta autores que siempre nos resultaron gratos pueden tener un traspié. Me ha sucedido con García Márquez, ¿cómo podía esquivar Fernández Díaz esa posibilidad?

Resulta que Las mujeres más solas del mundo no se trataba tan sólo de mujeres ni tampoco de mujeres solas. Dividido en dos partes, la primera se llama Mujeres y comedias y, a decir verdad, creo que lo único que verdaderamente disfruté fue el mismo texto que leí en la revista antes de comprar el libro. Las comedias: bien, gracias. La segunda es Crónicas, un palimpesto de textos más cercanos al periodismo que a la narrativa, compuesto no sólo por crónicas, sino también por biografías y notas de color. Si hay algo en lo que tiene coherencia, es en no dar importancia a la concordancia entre título y contenido. No lo remarco porque tenga que existir una correspondencia punto a punto, sino porque es un ítem más a la lista de “no me gusta” sobre esta obra particular.

El atractivo de Fernández Díaz, al igual que Eduardo Saccheri en mi opinión, reside en el modo que tienen de escribir nuestra cotidianeidad, personajes y cosas de nuestra idiosincrasia, el ser bien argento que componen en sus escritos. Más allá de no estar conforme con Las mujeres…, ambos están en mi podio de favoritos de la escena local. Pero el periodista me falló en este conjunto de historias sin remate, que no dejan estela, que no invitan a la reflexión. De hecho, lo único que pude sentir tras la lectura fue un vacío importante y una desazón muy amarga porque esperaba mucho más de quien me hizo emocionar hasta las lágrimas con Mamá.

Algo que siempre disfruto de los periodistas escritores es la economía de lenguaje, la capacidad de hacer arte con… eficiencia, por ponerle una palabra a ese oficio de construir oraciones sin una coma de más. Pero se quedó corto, le faltaron palabras, tonalidades, acentos y así se construyó, para mí, la primera pifia de Jorge Fernández Díaz.

Dicotomía incruenta – Oliverio Girondo

13 Jul

Siempre llega mi mano

más tarde que otra mano que se mezcla a la mía

y forman una mano.

Cuando voy a sentarme

advierto que mi cuerpo

se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse

adonde yo me siento.

Y en el preciso instante

de entrar en una casa,

descubro que ya estaba

antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,

y que mientras me rieguen de lugares comunes,

ya me encuentre en la tumba,

vestido de esqueleto,

bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

*La imagen que ilustra esta entrada es una litografía 
de 1948 de M. C. Escher.

Dolor – Alfonsina Storni

6 Jul

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar…
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Personajes entrañables: Lo bueno de llamarse Sam

6 Jul

El post de hoy se lo dedico a dos de los mejores personajes secundarios de la historia: Samsagaz Gamyi  y Samwell Tarly. Quizás este podio esté relacionado con que pertenecen al universo de dos autores que adoro: J. R. R. Tolkien y George R. R. Martin, autores de las sagas El señor de los anillos y Canción de hielo y fuego, respectivamente.

Uno lo creó a principios del siglo XX, el otro lo incluyó en su saga mientras finalizaba el mismo siglo y se metía en el XXI, pero ambos decidieron que los conozcamos por su nombre de pila: Sam. No sólo los une la coincidencia de su apócope y su papel secundario en las sagas, sino que ambos acompañan y sirven con lealtad y honor a Frodo Bolsón y a Jon Nieve, protagonistas y seres amados por los fanáticos de la épica fantástica, entre los que me incluyo.

Samsagaz es un hobbit de Bolsón Tirado en la Tierra Media, jardinero de profesión, de cuerpo generoso y alma noble. Acompaña hasta las últimas instancias a su adorado Frodo en la peligrosa aventura de destruir el anillo de Sauron. Si bien se podría caracterizar como inocente y de carácter gentil, es en este viaje tan inesperado que se descubre su naturaleza bravía y su capacidad para enfrentarse a enemigos y defender a quien considera su amo, pese a que Frodo no se ve a sí mismo de ese modo.

Samwell es el hijo mayor del Señor de Colina Cuerno en Poniente. Podría haber sido el heredero de su padre, sin embargo, desde chico se mostró debilucho ante la crueldad que gobernaba el espíritu de su progenitor, más inclinado hacia las artes y las lecturas que al arte de la guerra. No soporta ver sangre, no disfruta de la violencia y tiene una muy baja consideración de sí mismo. Es recién cuando llega al Muro, tiempo después que Jon Nieve, cuando a partir de las urgencias de un mundo que se desmorona se devela su capacidad de responder bajo presión, pese a su propio ser, y hasta llega a ganarse el apodo de Mortífero, luego de haber matado a un par de espectros. Idolatra a Jon Nieve, más allá de su origen bastardo, Sam ve en su amigo y mentor improvisado a un hombre que merece ser seguido y pocas veces discutido. El personaje gordinflón y temeroso crece hasta convertirse en un servil consejero, siempre amparado bajo su autoestima flaca que se infla con libros.

La nobleza es el rasgo que hermana a uno y otro Sam. Las pocas expectativas sobre su desempeño, también. Son personajes que maduran con el correr de las novelas, que se hacen más complejos, pero que nunca traicionan su buena fe. Secundarios, sí, porque la gloria (o el descrédito) están reservados para otros. No obstante, estos héroes silenciosos merecen su lugar en los anales de los personajes entrañables de la literatura.

Dos y lo mismo

29 Jun

Nada más difícil que escribir sobre una obra que provoca nada más que admiración. ¿Cómo atreverse a comentar lo que por sí mismo habla y se legitima? Así me encuentro frente a la pantalla en blanco, intentando dar forma a mi opinión sobre El hombre duplicado (2002) del escritor portugués José Saramago, Nobel incluido.

Tertuliano Máximo Afonso, ¿el? protagonista de la novela, se encuentra con que existe un actor que es su exacto duplicado, hasta en las cicatrices que porta en su brazo y rodilla. A partir de ahí, comienza la búsqueda de ese otro que es él mismo y la trama toma un divertido cariz detectivesco.

La investigación de Tertuliano es, quizá, lo que agiliza más el relato. Tras ver a su duplicado en un film que le recomienda un colega, la primera parte discurre con toda la agilidad que el estilo del escritor permite en esta búsqueda. Una de las estrategias discursivas que más disfruté fue la irrupción de la voz del narrador exponiendo el carácter ficcional de la historia, aclarando que él ya sabe cómo termina, pero sin dejar de mantener el contrato de lectura. Sin embargo, en algunos pasajes más intrigantes, reconozco que sentí ganas de callar esa voz disruptiva.

Saramago tiene la peculiaridad de romper con las convenciones de escritura: la escasez de puntos y aparte, la desaparición en párrafos eternos de las líneas de diálogo y una cadencia lenta hacen que la lectura deba ser, por obligación y por necesidad, a conciencia. Regresando a las oraciones una y otra vez, examinando los sintagmas, descubriendo en esa ruptura metalingüística cuestionamientos profundos y filosóficos sobre la vida y sus facetas: el amor, la profesión, el humor, la identidad y, por debajo de todas estas preguntas, la más intrigante: ¿qué es lo real?

Este autor no es un tipo fácil, es posible que más de una vez sientan que un libro no merece tanto esfuerzo. Quizás hay que tener cierto entrenamiento y haber pasado por volúmenes de complejidad menor hasta llegar a él. No obstante, en esta, una de sus mejores novelas, vale la pena dar un salto de fe.

Breves: Mujeres del mundo

28 Jun

De lo menos a lo más, libros que cuentan historias de mujeres en distintos lugares del mundo.

Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar (2007) de Almudena Solana. Probablemente, el peor libro que leí en mi vida. La segunda obra de esta escritora española residente en Inglaterra es una muestra excelente de mala literatura. Me atrevo a decir que está mal escrito, que cuesta descifrar qué quiere decir, no por un espíritu lúdico, a menos que destrozar el lenguaje sea un divertimento. El colofón promete, pero no retribuye. En la web podrán encontrar sinopsis, algunas críticas favorables y demás datos sobre este título. Me limito a decir un NO rotundo a esta obra.

Comer, rezar, amar (2009)  de Elizabeth Gilbert. Novela de fama mundial, tras la filmación de la película homónima protagonizada por Julia Roberts y Javier Bardem. Se trata de la historia de una mujer en medio de la crisis de los treinta que va a hacer a Italia lo primero, a India lo segundo y a Bali lo tercero. Mi mayor problema con la novela fue que, por un lado, no soy la persona más espiritual del mundo y, por otro, el estilo de Gilbert me parece totalmente desechable. Por una vez, el film fue mejor que el libro (y ni siquiera pasa de regular). ¡Imagínense!

Camino a casa (2000) del islandés Ólafur Ólafsson, que no estuvo ni bien ni mal. La historia trata sobre una islandesa que habita en Inglaterra, se entera que se va a morir y decide volver a su país natal después de muchos años. Le reconozco el mérito de jugar con la temporalidad, viajando entre diferentes pasados y alternando con el presente, como si en verdad de recuerdos se tratase. Dato-yapa: Ólafsson es presidente de Time Warner y ha trabajado en Sony durante varios años.

Chicas de Riad (2007) de Rajaa Alsanea. Una perspectiva del amor y la vida de cuatro mujeres jóvenes en la capital del Reino de Arabia Saudí. En su contratapa dice algo así como “Sexo en la ciudad versión saudí” y tiene un poco de ello. Fue escrito por una joven de 25 años que sacudió a su convencional sociedad mediante la confesión de las transgresiones de las saudíes, con la esperanza de poder modernizar el país que ama. Muy interesante.

Dos chicas de Shanghai (2010) de Lisa See. Conmovedora historia de dos hermanas, niñas mimadas de la sociedad china en el tiempo que Shangai era la París asiática, quienes tras los bombardeos japoneses deben emprender un largo viaje a California, donde las espera una vida sin comodidades en una Chinatown que está naciendo. La autora tiene una prosa deliciosa, bella y atrapante que invita a seguir y seguir y seguir leyendo. Prometo, más adelante, reseñar El abanico de seda (2005), la mejor obra de la autora hasta el momento. El pabellón de las peonias (2008) se los debo, no fue de mi agrado.

Mil soles espléndidos (2007) de Khaled Hosseini. Impresionante libro que cuenta la vida de dos mujeres afganas, desde mediados de siglo XX hasta la era talibán. Leer este libro en sintonía con Chicas de Riad comprueba el abanico de matices en las culturas islámicas. Me llamó mucho la atención que fuera un hombre quien pudiera retratar de mejor manera el espíritu y el padecimiento de las mujeres en Afganistán, la hipocresía de los hombres, los esfuerzos por sobrevivir en un país donde ser mujer es un crimen por sí mismo. Merece más que este breve párrafo, de hecho, la mejor crítica es una invitación a leerlo.

Esta ha sido una mini revisión de algunos títulos con protagonistas femeninas, aptos para todo público, sin distinción de género. Los tres últimos libros son más que narrativas sobre mujeres, representan una puerta de acceso a culturas-otras de la occidental, por lo que los interesados en relatos fieles al contexto histórico-cultural hallarán un muy buen entretenimiento.

Textual: Extracto de Rayuela de Julio Cortázar

28 Jun

La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita, hasta entrar en el Cielo. Lo malo es que justamente a esa altura, se acaba de golpe la infancia. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que, para llegar al Cielo, se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato…

La amistad de la palabra y la imagen

21 Jun

Oliverio Girondo (1891-1967) fue un poeta argentino. En realidad, delimitar su ser a esas dos palabras es no ser justo con lo que Girondo legó a la expresión poética. Por el momento, convengamos en que, en efecto, fue un poeta y, además, nació en suelo argentino.

 Oliverio, como le decimos los amigos, tomó el lenguaje, las convenciones literarias y con toda su energía las estrelló contra un papel para darles una nueva significación. Palabras que se dividen, palabras que se funden para crear superpalabras, sentidos polivalentes, inestables, fragmentados; Girondo en su libro más notable En la masmédula (1953) dejó fluir su esencia carente de estructuras, o bien, con estructuras novas que discuten a la literatura tradicional.

 Hoy, nos toca un caligrama que forma parte del libro Espantapájaros (al alcance de todos)  de 1932. Un caligrama es un poema, frase o palabra que se vale de la tipografía para dar forma a una imagen visual. Simplificando, es un dibujo con letras. El mayor referente de este tipo textual es el poeta cubista Apollinaire. De hecho, los caligramas se vinculan con las vanguardias de principios del siglo XX, que fuesen adalides de la ruptura con la concepción clásica de la lírica.

Yo no sé nada toma la figura del espantapájaros protagonista del libro. El juego figurativo arranca con la declaración de ignorancia general en la cabeza, llena de paja, del espantapájaros. El cuerpo, una serie de preguntas, dudas y casi afirmaciones de un poeta que forma parte de una vanguardia estética que rompe deliberadamente con lo anterior. Una juventud de entreguerras que toma un mundo partido y lo deforma hasta que se pierde y emerge como un mundo otro. Finalmente, en las piernas, el cantar de las ranas que suben y bajan y buscan allí y buscan acá para recuperar el sentido.

De yapa, una versión en video del poema:

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