Tiempo de sagas: Los Confines de Bodoc

15 Jun

La literatura argentina no tiene una tradición en el terreno de la fantasía. Algunos colocan a Bioy Casares como un precusor de la ciencia ficción, otros señalan algunos relatos de Borges como pertenecientes a este género; pero en lo que a fantasía respecta, no hay un referente claro. No voy a discurrir demasiado en la diferencia entre ciencia ficción (o ficción de la ciencia, denominación más adecuada) y la fantasía. Simplemente, señalo que la primera busca legitimidad en la disciplina que le da origen. Pensemos en Asimov como paradigma, sus exploraciones del espacio, la extrapolación de características actuales a futuros muy lejanos, siempre con apoyo de los desarrollos de la ciencia dura que le da contexto.

La distopía sería una variación y la fantasía sería un subgénero con más libertades a la hora de crear su universo de referencia. Pensemos en la saga fantástica más maravillosa (valoración mía, pero de millones de otros también): El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien. En los libros, asistimos a la creación de no sólo un universo donde acontecen los hechos, sino de razas, lenguajes y, lo más importante, la invención de la magia que, para mí, es la característica distintiva de toda pieza de esta subclasificación literaria, aunque merece una categoría por derecho propio.

Es esta literatura fantástica, siempre épica, la que no tiene un antecedente en la Argentina y, si lo tiene y lo desconozco, ninguno se asemeja a la calidad y relevancia de la obra de la escritora santafecina Liliana Bodoc. El primer tomo se publicó en el año 2000 bajo el nombre Los días del Venado y se compone de dos volúmenes más: Los días de la Sombra (2002) y Los días del Fuego (2004). En los primeros meses de este año, Bodoc publicó Oficio de Búhos, un libro de relatos de los Confines situado en tiempos de paz tras las guerras contra Misáianes, el hijo de la muerte.

La historia transcurre mayormente en las Tierras Fértiles, aunque también hay acción en las Tierras Antiguas, desde donde Misáianes envía a sus acólitos a aniquilar toda vida, sin medias tintas. Los Confines son los territorios del sur del continente de las Tierras Fértiles, hogar de los huisihuilkes y del protagonista del primer libro, el guerrero Dulkancellin quien es convocado para un misterioso consejo en Beleram junto a representantes del resto de las civilizaciones del continente.

La saga remite de forma intensa a la conquista de América, tanto en la forma que toma el conflicto (el invasor a través del mar) como en la constitución de los pueblos de las Tierras Fértiles. Los Señores del Sol, al norte, poseen una clara reminiscencia a las culturas precolombinas, por ejemplo. Sin embargo, la ficción tiene una fuerza propia y estos elementos de semejanza con un hecho histórico no oscurecen ni agotan completamente el relato.

Bodoc crea una mitología con un poderoso referente cultural americano que no posee fisuras. Los grandes temas que atraviesan la saga son la relación con la naturaleza, los vínculos comunitarios al interior de cada civilización y entre sí, la amistad y la traición y siempre desde un enfoque próximo a nuestra historia como pueblo, a diferencia de otros relatos de la épica fantástica cuyo sustento es la larga historia medieval europea.

Por último, quizás lo que merezca los mayores elogios: Liliana Bodoc es una poeta de la prosa que no aburre ni cansa, sino que siempre motiva e invita a seguir leyendo. En ocasión del lanzamiento de Oficio de búhos, la autora dijo: “Mi preocupación por el lenguaje crece conmigo, y estoy cada vez más convencida de que la literatura es un cómo se dice mucho más que un qué se dice, y no estoy hablando de un no compromiso con el sentido de las cosas, ni siquiera de un no compromiso humano y político, pero creo que eso tiene que transformarse en cómo se dice, entonces ando un poco obsesionada con eso”. Y, a lo largo de los libros, se nota. Hay clasicismo en su prosa, hay lírica y, aún así, el relato fluye suave como la seda, acaricia, emociona.

*La imagen que ilustra esta entrada pertenece a Gonzalo Kenny, quien trabaja junto a Liliana Bodoc en el proyecto “El Arte de los Confines” que pueden visitar acá.

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